
Heme aquí en el fin de las circunstancias,
A la orilla del pensamiento y la brisa,
En las profundidades del prado musgo.
Me gusta el viaje,
Fuente inagotable de contemplación…
En las madrugadas como ésta,
De vez en cuando tomo mi velero solitario,
Y me invita allí,
Donde el sol se moja la nariz entre las montañas.
Mi velero no es fastuoso,
Mas su vela es enclenque y pequeña.
Pero allí entre las aguas de azúcar y sal,
Uno que otro remolino lo invita a su danza
Entre círculos interminables,
Como el vals de las sirenas.
En las corrientes románticas de los mares solitarios…
Volando con cada brisa nocturna,
Mi velero se tiñe de rio..
De nubes y auroras rubias,
Navega por los valles de trigo temprano…
Se escurre entre los viñedos
Hasta esconderse en los hornos de pan tibio de la mañana,
Me pregunto…
Cuando velero estarás más allá de mis pies descalzos?
Cuando tu alborada será rio y no rinoceronte?
Cuando las estrellas te dibujarán en tu vela una luz intermitente?
Y cuando un soplo te pintará la boca?
Heme aquí en el fin de las circunstancias
A la orilla de un pensamiento sonoro
Entre palafitos de madera…
Peces de colores…
Abrazando cada tramo de mar…
Cada pedazo de pan blando
Del mantel de té de la mañana,
De las jardineras en la puerta de la arboleda,
De las floraciones de las rosas.
Hay.. Velero aparecido…
Cuando vendrá tu velera de compañía…
Con un ancla gigantesca…
Para que le sonrías… y te sonría…
Para que las sirenas les abracen entre sus bailes de agua…
Para que mires tu sombra de matices
Tu resplandor firme y soñador…
Hay… velero impaciente,
No te detengas…
Tu velera de ensueño y de día, ya llega
Lo sé.
