Ni la distancia máxima,Separará la mañana más próxima del sol aéreo y adolecente,
Ni el destino innegable de consentimientos tiernos,
Ni, las hojas secas en mis pies
Entre le verde renaciente y moribundo.
Ni los días tristes y desolados,
Separarán la alborada más próxima de la luna elocuente
Ni el soplo intempestivo otoñil
Nada, los separará
Ni el cielo infinito,
De montañas en exilio,
Ni el destino, inerte de las tardes de invierno…
Ni el sorbo inevitable del café que se diluye sus narices,
Nada.
Ni el trecho mínimo, ni máximo,
Separarán a los osos de su madriguera,
Ni a las abejas de su panal de vida,
Ni el destino de miel,
Ni las manos del apicultor sediento…
Ni las astillas en la tierra del leñador humilde,
Ni las manos tibias de la amasandera,
Ni la finesa de la tejedora de tiempos lejanos.
Ni la distancia máxima, separará
A él ave de su vuelo de emancipación…
Ni la lluvia, ni el frío del sur…
Nada.. Separará el curso inevitable de cada invitación,
De cada paso.. de cada vida.. de cada amarillo y cada azul.
De cada trompeta en ayuno que recibió a la aurora nacer…
De cada, abrazo, entre las arboledas frondosas que buscaban el día…
De cada aguja que se enhebro en el cabello de un sauce mal herido,
De cada flor que canto con eco,
de cada minúscula cuncuna que caminó al compás de una gota de rocío.
Nada.
Ni la distancia, mínima...
Ni máxima…
Nada los separará…
