
He dejado mis libros añosos,
Ya no repaso cada página gastada y leída,
Están allí polvorientos y sin vida,
Sus palabras,
Ya no me conmueven, ni muerden,
Son ladridos mansos que se oyen desde lejos,
Bajo la tierra,
Ya no les oigo!,
Las palabras se volvieron tartamudas,
Repetitivas y agónicas.
A pesar de ello,
No olvido sus épocas de caramelo,
Mis noches sumergidas,
Ni las intensiones de agua en mis días estériles.
Entre líneas sin destino,
y palabras, fecundas e inquietas,
con expresiones bizarras y sabias,
Con cada letra suave y apolillada.
Alegre y penosa,
De historias sin fin,
Y regreso.
De emociones inscritas y sublimes.
He dejado mis libros añosos,
Ya no repaso cada página gastada y leída,
Están allí polvorientos y sin vida,
En su estantería inmóvil.
No les botaré,
les dejarë allí,
de seguro, regresé melancólica,
Cuando ya les extrañe.
si.. los extrañarás...
ResponderEliminarmuy lindo éste tb!...
...Los libros, las palabras, que llave de emociones deja abierta!
ResponderEliminarLos libros,
inútiles de tanto gastar sus mensajes en la superficie rocosa del alma humana, que ya no se oye ni asímisma...
Me gusta tu estilo Karina: atrapas cosas y después las lanzas contra el corazón del que te escucha...
Felicitaciones!!