
Hay días en los que soy como una pobre manta,
Colgada al sol de los barrancos,
Una manda débil y harapienta,
Agujereada,
Como si colara al viento.
Hay días en lo que no soy más,
Que fugitiva entre la corriente
Prófuga en días nauseabundos,
Donde la tristeza ronda en amargos rincones.
Heme aquí…
Fortuita y extemporánea.
Entre estas cuatro paredes.
Inmortalizando lo otro,
Lo que hace falta…
Lo incomprensible y yermo…
Y sigo aquí…
Esperando que alguien venga…
Me zurza, remiende y lave…
un día encontré una manta
ResponderEliminartoda sucia y arapoza,
fue mi compañera por mucho tiempo
la lavé, la cuidé
pero la manta me dejó
incluso después de zurcirla...